Lo único que lamento de tu muerte, es que mientras estuviste vivo no fui capaz de expresar cuánto te odio.
Mi actitud normalmente se vuelca hacia lo aprendido, lo bueno dejado, lo superado. Siempre te hablé desde la comprensión y la disponibilidad, aún cuando intentaba separarme para mi bien, pero tú nunca entendiste. No te bastó con el abuso de años, sino que aún cuando estuviste enterrado volvías de tu tumba -todavía imaginaria- para penarme. Por eso conservaste, aunque yo no supiera ni quisiera, tu apodo de la dulce pena.
Estos últimos días he tenido la necesidad compulsiva de recordarme cómo era en el pasado, y todas mis penas y desilusiones fueron dulces, excepto las que tenían que ver contigo. La versión de mí que cultivaste me da asco, me da pena, pero asco sobre todo. No quiero ser nunca más lo que fui contigo. Abusaste. He tenido dudas respecto de si lo nuestro fue abuso o no, pero ahora que me leo, y que te leo, estoy segura.
Asco. Eso me das, puro asco. Y qué bueno que te moriste, excepto porque no vas a leer esto, pero el karma va a estar igual. O la no existencia, si es que dejamos el consuelo metafísico a un lado.
Me das asco, me da asco tu vejez inmadura, tu egoísmo disfrazado. Mi triste y patética ceguera.
Mi actitud normalmente es de comprensión y disponibilidad, pero no te la mereciste nunca.
Mi única venganza posible sería arruinar tu memoria con confesiones abiertas, pero para qué. Dañar a los inocentes por matar a un muerto, no tiene mucho sentido, pero aquí te escribo: te desprecio. Generalmente te ignoro, no me existes, pero ahora que te recuerdo, me das asco y te desprecio.
Bien muerto.
A cuántas más hiciste daño por tu falo asqueroso egótico.
Nunca pensé escribir así, por eso la semilla podrida que dejaste, aunque oculta y seca ha seguido aquí.
No voy a perdonarte, ni guardarte rencor.
Eres como Voldemort al final de la última película.
Asco.
sábado, 8 de octubre de 2016
jueves, 22 de septiembre de 2016
Corriente I
Hace poco leí acerca de una técnica para abrir la conciencia plena y el tercer ojo, el sexto chakra, en medio del entrecejo. La técnica consiste en escribir sin pensar demasiado lo que sea que se nos venga a la cabeza. Debido a mi enfermedad filosófica me he vuelto una persona que piensa demasiado y un trabajo como este me resulta extenuante. Escoger las palabras para decir lo que se pasa por mi mente sin orden, me resulta finalmente una tarea de archivística. En este momento siento la profunda necesidad de explicar las razones que me conducen, entonces, a escribir en este blog algunas cosas que pasan por mi mente y los objetivos que persigo, como si fuera un paper, un artículo de revista especializada o como si simplemente necesitara que los demás comprendiesen todo cuanto escribo, digo, pienso, hasta el punto de cuestionar la legitimidad teórica de mis sentimientos.
Anoche soñé que mi hombre follaba con mi amiga, era consensuado, era un trato, pero me sentía llorar en el sueño. No sé qué significa. Vi el sexo abierto de ella, y a él penetrarlo. No hay interés real entre ellos en el mundo sensible, no que yo sepa, no tengo pistas para sospecharlo y no me despierta interés averiguarlo. Lo que sí me engendra duda y curiosidad es lo que mi subconciente enrevesado estaba tratando de arrojar hacia mi cabeza cuando parió esas imágenes. Después soñé que tenía un pretendiente, un alumno, que era mi amante. Colorín, polera a rayas. Nunca me han gustado de ese tipo, pero en el sueño me encantó y nos restregamos los sexos hasta que desperté con un orgasmo. Tampoco lo entiendo. Recuerdo que el escenario en algún momento fue un restaurante de sopas chinas, donde conversé casualmente con un conocido mío que es un gran académico. En otras ocasiones este sueño parecía enmarcarse en la academia de yoga. Hace poco empecé a practicarlo y me propongo ser instructora. Es un desafío magnánimo, para mí, que sólo pienso.
El yoga es hacer y no pensar.
Pienso que el equinoccio primaveral me afecta. El sol en libra, la luna en virgo. Necesito ser cortejada y no cortejar. Cuando empiezas la relación siendo el hombre, terminarás siéndolo para siempre. Eso dice Miastral. No necesito ser el hombre, necesito ser cortejada. Tengo la piel aflorando. Siento la necesidad de que me ardan las mejillas.
Anoche soñé que mi hombre follaba con mi amiga, era consensuado, era un trato, pero me sentía llorar en el sueño. No sé qué significa. Vi el sexo abierto de ella, y a él penetrarlo. No hay interés real entre ellos en el mundo sensible, no que yo sepa, no tengo pistas para sospecharlo y no me despierta interés averiguarlo. Lo que sí me engendra duda y curiosidad es lo que mi subconciente enrevesado estaba tratando de arrojar hacia mi cabeza cuando parió esas imágenes. Después soñé que tenía un pretendiente, un alumno, que era mi amante. Colorín, polera a rayas. Nunca me han gustado de ese tipo, pero en el sueño me encantó y nos restregamos los sexos hasta que desperté con un orgasmo. Tampoco lo entiendo. Recuerdo que el escenario en algún momento fue un restaurante de sopas chinas, donde conversé casualmente con un conocido mío que es un gran académico. En otras ocasiones este sueño parecía enmarcarse en la academia de yoga. Hace poco empecé a practicarlo y me propongo ser instructora. Es un desafío magnánimo, para mí, que sólo pienso.
El yoga es hacer y no pensar.
Pienso que el equinoccio primaveral me afecta. El sol en libra, la luna en virgo. Necesito ser cortejada y no cortejar. Cuando empiezas la relación siendo el hombre, terminarás siéndolo para siempre. Eso dice Miastral. No necesito ser el hombre, necesito ser cortejada. Tengo la piel aflorando. Siento la necesidad de que me ardan las mejillas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)